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dissabte, 14 de maig de 2011

25 ANYS ( o més ) de Sindicalisme a l'Administració Pública

HACE 25 AÑOS LUCHÁBAMOS COLECTIVAMENTE POR LA LIBERTAD

El 27 de Julio de 2002 hizo 25 años de la recuperación de la legalidad del sindicalismo en la Administración Pública, momento histórico en el que los trabajadores organizados, en asambleas, coordinadoras, sindicatos eran los verdaderos protagonistas de un movimiento social, que entró como aire fresco en la mayoría de rincones de la función pública en lucha por la libertad. Los responsables de los sindicatos de administración pública, a raíz del RD 1522/1977, se ponían de acuerdo, sin ordenadores, ni Internet y juntos CCOO, UGT, CNT –hoy CGT-, USO, CSUT, SU, el 27 de Julio de 1977 hacían entrega conjunta de sus estatutos en la ventanilla ubicada en la Dirección General de la Función Pública.
25 años después, parece totalmente caducado el modelo de participación sindical dominante, como también lo parece el sistema de participación ciudadana a través de partidos limitado a un voto cada 4 años. Un repaso a los planteamientos que en aquel momento histórico se defendían desde el movimiento sindical, puede llevarnos a afirmar que son del todo vigentes hoy y totalmente válidos y necesarios. El movimiento social antiglobalización reclama un giro a los gobernantes y a los banqueros. El sindicalismo no es ajeno este necesario cambio reclamado para profundizar en los mecanismos de reparto social, de participación y de democracia directa en la toma de decisiones. El lema “piensa globalmente actual localmente...” no puede servir sólo para ser utilizado por el movimiento social en las cumbres de Jefes de Estado. Sirven para el día a día en el trabajo sindical diario en nuestros centros de trabajo. El sindicalismo de participación directa y la información y consulta a los trabajadores, que defendemos como “sello de identidad de nuestra acción sindical”, las asambleas decisorias antes y después de cualquier negociación, era la única práctica sindical posible hace 25 años. Los trabajadores exigían participar en las decisiones. No era posible que los sindicatos prescindieran de su opinión ni les era fácil practicar el sectarismo y la división. Esta última equivalía a traición a los intereses colectivos y por ello, las asambleas de trabajadores ponían en su sitio a los representantes sindicales. Y así en los primeros años de sindicalismo legal se consiguió el derecho a celebrar asambleas, unas elecciones sindicales directas a órganos de negociación, organismo por organismo. Había negociación real porque había presión colectiva. No existían las horas sindicales y los compañeros elegidos para la función de representante, veían como sus compañeros les hacían el trabajo. No había cuotas sindicales y se recogía dinero en los centros para financiar viajes y publicaciones.
A los pocos años, con la relajación social, también llegó la relajación colectiva de control y participación y los métodos y derechos, más democráticos que los actuales, fueron cayendo uno a uno hasta la realidad de hoy. La Ley 9/1987 de Órganos de Representación fue el resultado del gran pacto social por el que se puso fin a la experiencia participativa y directa de los trabajadores. En la Administración Pública, el marco real de participación de los sindicatos se ha rebajado a poco más que “a ser informados y ser oídos” tras la decisión unilateral de la Administración. Con aquella Ley con sólo 10 años de vida de los sindicatos, quedaba enterrada la transición democrática en la Administración.
En la actualidad, el sindicalismo está totalmente desprestigiado. No es necesario recordar, como hace el Gobierno, de la existencia de decenas de miles de liberados sindicales y de los miles de millones de pesetas anuales de subvención a determinados sindicatos por distintas vías. El desprestigio principal lo han cosechado a pulso esos propios sindicatos por su práctica diaria: negociando a espaldas de los trabajadores(no informan ni consultan ni antes ni después de cada negociación), practicando un sectarismo extremo (cada sindicato defiende lo suyo) y dando servicios sindicales y extra sindicales exclusivamente a sus afiliados o clientes (hecho que culmina en un penoso clientelismo).
Compañer@, en este 25 aniversario de la democracia directa y participativa, date una oportunidad, sin la participación activa de la mayoría, sin tú participación, no conseguiremos cambiar esta penosa realidad. Comprométete, organízate y luchemos colectivamente por unas mejores condiciones de trabajo y de vida.
Federació CGT-CAT Catalunya. No hay derecho nº 321, novembre 2002
                                                                                    

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